Lo que comenzó como una riña en Medellín terminó en homicidio y con la captura del presunto responsable.
Una discusión que pudo quedar en palabras subidas de tono terminó convirtiéndose en tragedia. La intolerancia, esa que se normaliza en barrios, calles y hasta en redes sociales, volvió a cobrar una vida en la capital antioqueña.
Las autoridades lograron la captura del señalado agresor, quien ahora deberá responder ante la justicia por un hecho que enluta a una familia y sacude a la comunidad. La reacción fue rápida, sí. Pero el problema es más profundo: ¿qué está pasando con la convivencia en Medellín?
No todo se resuelve con más patrullas ni con comunicados oficiales. La prevención, el control del porte de armas y el trabajo social en los territorios siguen siendo tareas pendientes.
Una riña no puede seguir siendo antesala de un homicidio.
Porque cuando la intolerancia se impone, la vida pierde.