📺 En alocución presidencial, el presidente Gustavo Petro afirmó que Colombia atraviesa una disputa de fondo por la distribución de la riqueza y la garantía efectiva de los derechos sociales.
Según el mandatario, el nuevo régimen pensional —aprobado dos veces por el Congreso de la República de Colombia— aún no se ha hecho plenamente aplicable, mientras que la reforma a la salud sigue empantanada en los debates legislativos. En ese escenario, señaló que el debate alrededor del llamado salario vital ha estado rodeado de un alarmismo que, a su juicio, no se compadece con los datos.
El Presidente sostuvo que los pronósticos de desempleo masivo e inflación desbordada no se han materializado. Afirmó que informes de banca internacional califican como sólida la perspectiva del empleo en Colombia y recordó que la inflación de enero fue de apenas 0,25 %, asociada —según explicó— a factores como tasas de interés y el alza en algunos alimentos, no al salario vital.
Pero el debate de fondo sigue abierto.
¿Se trata realmente de una puja técnica sobre cifras macroeconómicas o de una confrontación ideológica sobre el modelo económico? ¿Es el salario vital un riesgo para la estabilidad o una deuda histórica con los trabajadores?
Mientras el Gobierno defiende su narrativa con indicadores y comparaciones internacionales, sectores empresariales y parte de la oposición advierten efectos a mediano plazo. En medio de la polarización, la realidad cotidiana es la que dicta sentencia: el costo de vida sigue pesando en los bolsillos y el empleo formal aún es una meta esquiva para millones.
La discusión no es menor. Es el pulso entre capital y trabajo, entre temor y redistribución, entre estabilidad y cambio.