LoÚltimo | 🔹 El secretario general de la ONU, António Guterres, hizo un llamado a Israel para revertir su decisión sobre el registro de tierras en Cisjordania, asegurando que ese es el “único camino hacia una paz duradera”.
Desde la sede de la Organización de las Naciones Unidas, Guterres advirtió que cualquier medida unilateral que altere el estatus de los territorios ocupados pone en riesgo no solo la estabilidad regional, sino la ya frágil posibilidad de una solución negociada entre israelíes y palestinos.
El registro de tierras en Cisjordania no es un asunto técnico ni administrativo: es profundamente político. Para la comunidad internacional, estos movimientos pueden interpretarse como pasos hacia la consolidación de asentamientos, en un territorio cuya situación jurídica sigue siendo uno de los puntos más sensibles del conflicto.
El mensaje del secretario general no es menor. En un escenario donde las tensiones escalan y la diplomacia parece diluirse entre bombardeos, recriminaciones y vetos cruzados, insistir en el derecho internacional y en la solución de dos Estados suena casi contracorriente.
Pero la pregunta es inevitable: ¿quién escucha hoy a la ONU? Y más aún, ¿cuánto margen real tiene la diplomacia multilateral frente a decisiones soberanas que reconfiguran el mapa sobre el terreno?
La paz duradera no se construye con hechos consumados, sino con acuerdos. Y mientras las decisiones se tomen sin consenso, el horizonte seguirá siendo incierto.