En medio de las dificultades históricas que enfrenta la subregión de Urabá —abandono estatal, brechas en salud pública y constantes alertas por brotes epidemiológicos— el Gobernación de Antioquia anunció el envío de un nuevo paquete de ayuda humanitaria compuesto por medicamentos esenciales, biológicos y refuerzos del esquema regular de vacunación.
La administración departamental aseguró que la jornada busca fortalecer la red hospitalaria local, especialmente en municipios con limitaciones logísticas y dificultades de acceso. Hospitales y centros de salud de primer nivel recibirán antibióticos, analgésicos, sueros, insumos médicos y vacunas contra enfermedades prevenibles que han venido mostrando repuntes preocupantes.
Sin embargo, más allá de la foto institucional y los comunicados oficiales, la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué Urabá continúa dependiendo de envíos extraordinarios para garantizar lo básico? La salud no debería funcionar a punta de operativos de emergencia ni de caravanas humanitarias que aparecen cuando la presión mediática aumenta.
Urabá es una región estratégica para Antioquia y para el país: motor agrícola, portuario y comercial. Pero mientras mueve millones en exportaciones, sus comunidades siguen reclamando condiciones dignas en hospitales, personal médico suficiente y abastecimiento permanente de medicamentos.
Bien por la ayuda. Toda acción que alivie la necesidad inmediata es bienvenida. Pero lo que Urabá requiere no es solo asistencia coyuntural, sino inversión estructural, fortalecimiento real del sistema de salud y presencia institucional sostenida.
Porque la salud no puede ser noticia solo cuando escasea.